lunes, 9 de junio de 2014

A la deriva.

En la inmensidad del oscuro oceano, una luz se observaba a lo lejos, una luz que brillaba como nada y que hipnotizaba a cualquiera que se hallara en esa masa de agua.
Esa luz transmitia tan inmensa calma que era imposible medir con palabras, y es que solo observando ese puntito brillante de luz, lo podias sentir.
Tanto es asi que muchas personas murieron en el intento de llegar y descubir que era aquello, tan extraño y hermoso a la vez, ese reflejo que encendian sus almas oscuras como el mas profundo negro, y que podia encender sus tristes vidas y alegrar sus rostros.
Todos murieron menos una. Un momento...¿una?. Asi es, una. Una chica a la deriva, cuya fuerza y habilidad para sobrevivir habia quedado en algo llamado nada, cuyas ganas de rendirse se incrementaban... Cuando de repente, vio esa luz, alli estaba, tan bonita como siempre. Algo llenó su alma y empezó a nadar desesperadamente. "Quiero eso", pensó.
Daba igual lo cansada que estuviera, pues cuanto mas se acercaba, el movimiento de las olas la impulsaban facilitando así su pésima natación.
Se quedó perpleja al encontrar, en la orilla, la figura de una persona, esa era la luz.
Todas las mañanas, aquel chico se ponia a proyectar reflejos del sol al horizonte del océano con un trocito de cristal, esperando encontrar aquello que mas ansiaba, una respuesta... Algo que diese sentido a su vida y, curiosamente, encontró a la persona cuyo sentido había nacido de ese cristal.

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